reconoce sus orígenes

El nazismo como fuente de inspiración Kirchnerista

De la ideología, a la propaganda política.

Publicado: 2014-04-09

En reiteradas oportunidades escuchamos desde la tribuna opositora al kirchnerismo, entre los que me incluyo, tildar al Gobierno de turno de “nazis”, alegando a ciertas características muy específicas, típicas de uno de los regímenes más repudiables y sangrientos en la historia de la humanidad, junto a los no tan mencionados por el progresismo populista y berreta, pero igual de lamentables, como el de Stalin o Lenin, o los perpetrados en contra del pueblo Armenio, o en Ruanda y el Congo, por citar algunos tristes ejemplos. Incluso ellos mismos, de muy mal gusto en el diario ultra oficialista Página 12, en su momento publicaron una tira “humorística”, si es que así se la puede llamar, donde mostraban a un Hitler “gracioso”, al grado de repugnante. Nobleza obliga aclarar, que desde el mismo diario salieron a repudiar dicha historieta, tres días después.

Historieta publicada en el diario oficialista, Página 12

El kirchnerismo en esta última década, para ellos irónicamente llamada "ganada", ha desarrollado un arte en la colocación de etiquetas y estigmatización del oponente político, ideológico, o a todo aquel que se le cruzara por el camino. De ésta manera, el aparato de propaganda oficialista ha estado tildando a los chacareros del 2008 como "oligarcas", a los caceroleros de "golpistas", a los periodistas independientes de "cipayos o esbirros", a los medios no alineados al relato de "destituyentes", y así sucesivamente, con el sólo objeto de desacreditar al que no comulga con su vertical y unidireccional bajada de línea. (Ver: argumento ad hominem) 

Ahora bien, pero ¿qué es lo que pasa cuando desde ésta misma tribuna opositora, siguiendo con la misma lógica de juego, uno personifica al kirchnerismo en base a ciertas características propias de regímenes totalitarios, fascistas, populistas, o demagogos? Porque si vamos a ser sinceros, uno cuando tiene que describir ciertos objetos o situaciones, se basa pura y exclusivamente en las cualidades y hechos que los caracterizan: "era una mañana fría, gris, de otoño", o "es un auto nuevo, color blanco, de vidrios polarizados", por ejemplo.

Describamos al kirchnerismo por lo que es. Una forma de Gobierno con fuerte culto al "líder", corporativista y de economía dirigista, con fuerte oposición a toda ideología basada en los pilares de la libertad, sumamente populista y demagogo, con tendencia (al menos en el discurso) hacia el nacionalismo, amante de los actos en masas, sin importar si éstos son parte del aparato rentado de militancia, y que principalmente basa su imagen o relato, en torno a un fuerte aparato de propaganda (y acá es donde nos vamos a explayar a continuación), por citar algunos de los aspectos más característicos.

¿Donde encajaría usted al kirchnerismo?

El aparato de propaganda: el caso del nazismo. 

El intenso deseo público de tener líderes carismáticos ofrece un terreno fértil para la propaganda. A través de una imagen pública cuidadosamente orquestada del líder del Partido Nazi Adolf Hitler durante el período políticamente inestable de Weimar, los nazis explotaron este anhelo para consolidar el poder y promover la unidad nacional. La propaganda nazi facilitó el rápido ascenso del Partido Nazi a una posición de prominencia política y, finalmente, al control de la nación por parte de los líderes nazis. En particular, el material de campaña para las elecciones de la década de 1920 y los primeros años de 1930, así como también el convincente material visual y las apariciones públicas atentamente controladas, se unieron para crear un “culto al Führer” en torno a Adolf Hitler. Su fama creció a través de los discursos que pronunciaba en las grandes concentraciones, los desfiles y la radio. En esta figura pública, los propagandistas nazis mostraban a Hitler como un soldado listo para el combate, como una figura paterna y como un líder mesiánico elegido para rescatar a Alemania.

“Cuántos lo admiran a él [a Hitler] con conmovedora fe, como la persona que los ayudará, los salvará, los liberará de la angustia insoportable.”  (Louis Solmitz, maestro de escuela de Hamburgo, 1932)

Las técnicas de propaganda modernas (que incluían imágenes fuertes y mensajes simples) ayudaron a impulsar a este Hitler nacido en Austria que, de ser un extremista poco conocido, se convirtió en uno de los principales candidatos en las elecciones presidenciales alemanas de 1932. Hitler comprendió el poder de los símbolos, la oratoria y la imagen, y formuló eslóganes para su partido político que eran simples, concretos y conmovedores para llegar a las masas.

Entre 1933 y 1945, la adulación pública a Adolf Hitler fue una característica siempre presente en el espacio público de la vida alemana. Los propagandistas nazis describían a su líder (Führer) como la personificación viviente de la nación alemana, que irradiaba fuerza y una inquebrantable devoción por Alemania. Los anuncios públicos reforzaban el concepto de Hitler como el salvador de una nación alemana derrotada por los términos del Tratado de Versalles posterior a la Primera Guerra Mundial. El culto a Adolf Hitler fue un fenómeno masivo fomentado deliberadamente. Tanto los propagandistas nazis como los artistas producían pinturas, letreros y bustos del Führer, que luego eran reproducidos en grandes cantidades para ser colocados en lugares públicos y en los hogares. 

La editorial del Partido Nazi imprimió millones de copias de la autobiografía política de Hitler, Mein Kampf (Mi Lucha) en ediciones especiales, incluyendo ediciones para recién casados y traducciones al sistema Braille para personas ciegas. Las imágenes del líder transmitidas en salas de cines, siempre rodeado de jóvenes, sonriente cuando era necesario, o serio y firme cuando el contexto político lo exigía, eran parte del sistema de propaganda de manipulación y engaño. 

"La propaganda intenta forzar una doctrina sobre la gente… La propaganda opera sobre el público general desde el punto de vista de una idea y los prepara para la victoria de esta idea." Adolf Hitler escribió estas palabras en su libro Mein Kampf (1926). 

La propaganda nazi idolatraba a Hitler como un talentoso estadista que traería estabilidad, crearía puestos de trabajo y restauraría la grandeza de Alemania. Bajo el régimen nazi se esperaba que los alemanes mostraran lealtad pública al “Führer” de maneras casi religiosas, como hacer el saludo nazi y saludar a las personas en la calle diciendo “¡Heil Hitler!”, el llamado “saludo alemán”.

La fe en Hitler fortaleció los lazos de unidad nacional, y el no acatamiento de esta ideología significaba disensión en una sociedad donde la crítica abierta al régimen y a sus líderes constituía un motivo de encarcelamiento, algo que en los tiempos actuales sería una locura de sólo pensarlo, pero que nadie puede negar, que de poder hacerlo, el kirchnerismo no dudaría un segundo. 

Tras la toma del poder por los nazis en 1933, Hitler estableció un ministerio de ilustración pública y propaganda encabezado por Joseph Goebbels. La meta del ministerio era asegurar que el mensaje nazi fuera comunicado con éxito a través del arte, la música, el teatro, las películas, los libros, la radio, los materiales educativos, y la prensa.

Goebbels, más conocido como el "ministro de la propaganda", decía que ésta debía limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad... o miente, miente, miente, que algo quedará."  

El legado de Goebbels en cuanto al uso de la propaganda política, ha sido motivo de estudio en todo el mundo, y de aplicación doctrinal por muchos Gobiernos de oriente a occidente, principalmente aquellos con aspiraciones totalitarias y hegemónicas. 

En nuestro país, numerosos ejemplos podríamos citar acerca del uso de la propaganda política en el peronismo (principalmente, el de Perón), y si nos acercamos más a la actualidad, sin dudas, el kirchnerismo es quién mejor ha llevado al pié de la letra, los principios propagandísticos empleados por el ministro preferido de Adolf Hitler.

“Una vez que el gobierno tiene a un pueblo a sus pies, una vez que se ha hecho con su conciencia, entonces es capaz de hacer con él lo que se le antoje. Cuando se atraviesa la barrera de la libertad individual, y se “usa” a una Nación para unos objetivos concretos, ya sean ideológicos, religiosos, expansionistas, o con ánimo de lucrarse, entonces ya no estamos hablando de la política como “el arte del bien común”, sino de la manipulación de las mentes.” (Joseph Goebbels, en su famoso discurso de la "Guerra total"). 

Goebbels desarrollo un listado de 11 principios comunicacionales infalibles, que de cumplirse éstos al pié de la letra, tal como lo hace el actual Gobierno kirchnerista en Argentina, y muchos en América latina, como es el caso de Ecuador, Bolivia, y principalmente Cuba y Venezuela, no dejarían margen de error a la efectividad en la recepción del mensaje a comunicar. Estos principios, que han siendo adaptados con el correr de los años a los tiempos actuales, han mantenido la esencia básica y doctrinaria, como a continuación podremos observar y analizar.

1) Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo; individualizar al adversario en un único enemigo.

Adaptación: nosotros somos lo “nacional y popular”. Todo el que no está de acuerdo con nosotros, es el enemigo, un cipayo, un golpistas, un destituyente, etc. Nosotros decimos la verdad, Clarín miente.

2) Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. 

Adaptación: todo el que piensa distinto está con Clarín, repite lo que dice Lanata, o responde al PRO de Mauricio Macri, por ejemplo.

3) Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. 

Adaptación: jamás asumir una culpa o admitir un error y llegado el caso, constituirse en querellante (TBA). Responder que todo en lo que se lo culpa, es una operación de prensa del enemigo (Caso Ciccone). Todos los actuales problemas del Gobierno, fueron generados por Gobiernos anteriores como el menemismo (del cuál también ellos fueron parte) o de la Alianza que "llevó al país al derrumbe".

4) Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave, o mostrar cualquier resultado como un logro de tamaño mayúsculo. 

Adaptación: cualquier manifestación en contra, son destituyentes y atacan la gobernabilidad, son golpistas, "amenazan al modelo", o por el otro lado, "hemos ganado en la Antártida", "somos la primera fuerza nacional".

5) Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar, para ello deben elaborase mensajes cortos, simples y rápidos de recordar a la hora de ser necesarios para responder acusaciones "del enemigo". 

Adaptación: bueno, esto se explica sólo, no hace falta mucho más para agregar que analizar la imagen a continuación.

CLICK sobre la imagen, para observar en detalles.

6) Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto, sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite mil veces, acaba por convertirse en verdad. 

Adaptación: “Nestor Kirchner salvo al país de la crisis”, "porque nosotros defendemos los DDHH", "el campo oligarca y golpista quiere destituir a la Presidenta", "son los medios hegemónicos del monopolio Clarín", "es la derecha neoliberal de los ´90", etc.

7) Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos, a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. 

Adaptación: "ni un paso atrás", "nunca menos", "vamos por todo", etc. Las sucesivas bombas de humo (tarjeta Argentina, falsas y repetidas inauguraciones de obras, etc.) para tapar hechos de interés popular, o noticias graves de hechos de corrupción. Las constantes acusaciones y falsas denuncias de Luís D´Elía, los comentarios soberbios de Aníbal Fernández, Diana Conti, Larroque, etc.

8) Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias, "verdades faslas" o en el mejor de los casos, verdades a medias.

Adaptación: noticias creadas con fragmentos de comentarios, y repetidos constantemente, aunque éstos no sean reales. El caso del "obrero de Cristina", "las cosechadora que se vendieron a Angola" para mostrar un falso auge de la industria nacional, los periodistas de Duro de Domar presuntamente golpeado en una marcha, la militante accidentada para validar el tinte “popular”, etc. 

9) Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contra-programando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Adaptación: Caso Ciccone, Oyarbide, INDEC, incremento patrimonial desmedido, hechos de corrupción inocultables como los Lázaro Baez, Cristobal López, Antonini Wilson, Fariña, etc. No se dice nada, sólo se responde desde 678, Duro de Domar, Página 12, o Tiempo Argentino, y si es posible, contestar lanzando una denuncia hacia un opositor, con el fin de desviar la atención del público (ver principio Nº 3).

10) Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea un mito nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

Adaptación: la puta oligarquía terrateniente, "son los mismos que en los años noventa privatizaron el país", el uso de simbolismos como YPF (Yrigoyen, Perón, Fernandez), las sucesivas alusiones a Perón y Evita, o aquellas imágenes donde se muestra a Cristina Kirchner con Eva Perón como telón de fondo. 

11) Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando una impresión de unanimidad.

Adaptación: "somos la Patria Grande", "todos los argentinos soñamos en...", "nosotros somos la Patria, y ellos los que nos quieren de rodillas", etc.

En resumen. La propaganda sirve como una herramienta importante para obtener el apoyo en la mayoría de la ciudadanía, y la aprobación del público que incluso no acompaña al Gobierno con el voto popular en las distintas elecciones. De ésta manera, con la manipulación mediática, sumado a la falsificación de estadísticas, el silenciamiento de voces críticas mediante escraches públicos, o los ahogos publicitarios con el retiro de la pauta oficial a los medios opositores, se busca avanzar en la instrumentación de un modelo, que más allá de lo que la prensa oficialista pretenda dibujar, muestra sus irremediables rajaduras por cualquiera de los laterales que se lo quiera observar.

De ésta manera, con la utilización de los principios de la propaganda nazi, es como uno termina comprendiendo, como pueden existir personas que aprueban fervorosamente regímenes tan obsoletos y fracasados, como el comunismo cubano, el socialismo chavista vendido como "la renovación" en el Siglo XXI, o también así, claro, el propio modelo kirchnerista ya en proceso autodestrucción.

Pero seguramente, como es de esperarse, aparecerán aquellos personajes tambien que bajo la justificación de la aprobación por amplia mayoría, apoyarán ciegamente a modelos y regímenes, tan siniestros y repudiables, como aquellos mismos que ellos dicen rechazar.

Como dice la clásica frase mis estimados, no hay peor ciego que aquel que no quiera ver.

@LuchoBugallo


Escrito por

Lucho Bugallo

Hay quienes observan la realidad tal cual es, y se preguntan: por qué? Y estamos aquellos que la imaginamos como jamás ha sido, y nos preguntamos: xq no? .'.


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Pienso, escribo, opino, hago, critico, aprendo, juego, sueño, molesto.